20 de octubre de 2017

Midamos los resultados más allá de la balanza

Por Lic. Diana Mora Ramírez

Hoy quiero compartir con ustedes la historia de uno de mis pacientes más recientes. Es una persona que conozco de hace tiempo y sé que tiene bastantes años de tener problemas con su peso. Probó distintos métodos: desde pagar en un centro de adelgazamiento, hasta empezar a hacer muchísimo ejercicio o inventarse sus propias dietas quitando carbohidratos o reduciendo las calorías a como creía que era mejor.

En todos los casos obtuvo resultados, pero sólo por un tiempo. Por algún motivo terminaba abandonando siempre, y recuperaba el peso perdido. Y por si se lo preguntan: sí, a pesar de conocerme y saber que soy nutricionista, no fue hasta ahora que decidió que yo le ayudara.

Por situaciones de la vida llegó al punto en que dijo: "¡ya! Necesito hacer algo y solucionar definitivamente el problema de mi peso". Y entonces me pidió que le ayude a cambiar sus hábitos (es conciente de que tiene varios por mejorar) y que le ayude a comer bien para perder peso. Y así empezamos el proceso ya hace 3 semanas.

Y como dicen: empezamos por el principio. Me envió fotos de todo lo que come y toma en el día, así no se le iba a olvidar decírmelo. El primer paso era analizar lo que estaba haciendo actualmente y a partir de ahí comenzar a modificar primero los hábitos, antes de empezar a pensar en comer tantas porciones de ésto o de aquello.

Con ese registro fotográfico mi paciente pudo comprobar lo que les he comentado otras veces: sucede que subestimamos lo que comemos o no tomamos conciencia de ello hasta que alguien más nos hace verlo. Resultó que casi no comía frutas, los vegetales en realidad eran contados, tomaba muy poca agua (máximo 1 litro por día), comía muchos productos "de paquetito" (galletas con rellenitos, papas tostadas), se le estaba haciendo costumbre comer algún postre después del almuerzo (usualmente helados con toppings, o algo similar), en las noches acostumbraba comer frente al televisor, y curiosamente pasaba con ansiedad toda la noche, y por tanto comía cuanta cosa se encontraba. Y los fines de semana: no había horarios de comida, prácticamente no tomaba agua, comía todavía menos frutas y vegetales, y era costumbre comer comida chatarra.

Una vez indentificados todos esos hábitos que había que modificar, entonces yo comencé a darle "tareas". Empezamos con enfocarnos en hacer los cambios en los días entre semana, dejamos el fin de semana para después. 

En la primera semanas logramos que se acostumbrara a comer vegetales al menos en el almuerzo, logró empezar a tomar 2 litros de agua, cambió las galletas y snacks de las meriendas por fruta o alguna galleta más saludable, y empezó a controlar un poco la ansiedad de la noche.

En la segunda semana ya logró incluir vegetales en la cena también, empezó a acostumbrarse a comer en la mesa y no frente al televisor (lo que le ha ayudado todavía más a controlar la ansiedad) y empezó a destinar al menos unos minutos al día a hacer ejercicio.

En la última semana ya empezamos a trabajar los días del fin de semana. Como se acostumbró a tomar agua entre semana, ya el fin de semana se le hizo mucho más fácil cumplirlo. Comenzó a cumplir los tiempos de comida, y come más comida casera, y si debe comer fuera procura buscar una buena opción y controlar las cantidades que come. Lo otro importante que empezamos a trabajar esta semana fue la velocidad al comer. Acostumbra comer rápido, y eso no es lo más recomendable. Así que estamos tratando de que se concentre en comer más despacio.

Con todos esos cambios que hemos ido trabajando, sin pensar en calorías ni nada por el estilo, ya obtuvimos resultados: aunque su peso no varió, sí redujo ligeramente su porcentaje de grasa. Y además se siente mejor, la motivación está muy alta al ver las cosas que ha podido cambiar, y aunque a veces le dan "antojos" por algunas cosas poco saludables, ha tomado más conciencia y logra controlarse (no como antes, que cuando se le antojaba algo de inmediato lo buscaba).

Es muy importante mencionar que durante este periodo también he ido dándole un poco de educación nutricional, ya que considero que es importante que mis pacientes entiendan el por qué de las recomendaciones que les doy, no que hagan las cosas en automático solo porque yo digo. Si tienen la información completa es más fácil aprender a tomar decisiones saludables por su cuenta.

El siguiente paso será establecer un plan de alimentación indicándole porciones de cada grupo de alimentos, y trabajar en que haga más ejercicio. Pero esa parte de la historia se las contaré luego, para que conozcan los resultados que vamos obteniendo.

Lo importante con éste relato es que veamos todo lo que logró avanzar en sólo 3 semanas. Más allá de si perdió mucho o poco peso, dio pasos gigantes hacia un estilo de vida saludable. ¡Y todo eso son resultados del proceso! Pero a veces no lo valoramos por estar pensando en la balanza. 

El peso no es el único resultado que debemos buscar en un proceso de pérdida de peso. Sentirnos cada día mejor, disfrutar lo que se está haciendo y no estar deseando que acabe para volver a los viejos hábitos, y el hecho de ver que está haciendo cambios que le ayudan a ser saludable, son parte también de un proceso exitoso.

Caminar muy poquito también es bueno

Tomado de: www.larazon.es

Un nuevo estudio que se publica en la edición digital de ‘American Journal of Preventive Medicine’ concluye que caminar tiene el potencial de mejorar significativamente la salud pública. Sus autores detectaron que caminar de manera regular se asocia con una menor mortalidad en comparación con la inactividad, informa Europa Press.

Las pautas de salud pública recomiendan que los adultos participen en al menos 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad física de intensidad vigorosa por semana, pero las encuestas muestran que solo la mitad de los adultos de Estados Unidos cumplen con esta recomendación. Los adultos mayores son incluso menos propensos a cumplir con las recomendaciones mínimas (42 por ciento de 65-74 años y 28 por ciento de 75 años o más).

Caminar es el tipo más común de actividad física y se ha vinculado con un menor riesgo de enfermedades cardiacas, diabetes y cáncer de mama y de colon. Aunque varios estudios han vinculado la actividad física general moderada-vigorosa con un riesgo reducido de muerte, relativamente pocos han examinado específicamente las asociaciones con la marcha.

Para obtener más información, estos científicos, dirigidos por Alpa Patel, epidemióloga de la Sociedad Americana de Cáncer, examinaron los datos de casi 140.000 participantes en la Cohorte de Nutrición para el Estudio de Prevención del Cáncer II. Un pequeño porcentaje (6-7 por ciento) en el estudio informó que no realizaba actividad física de intensidad moderada a vigorosa al inicio. Entre el resto, aproximadamente el 95 por ciento dijo que caminaba y casi la mitad sólo caminaba como única forma de actividad física moderada-vigorosa.

Después de corregir otros factores de riesgo, como el tabaquismo, la obesidad y las afecciones crónicas, el estudio encontró que solo caminar menos de 2 horas por semana se asoció con una menor mortalidad por todas las causas en comparación con no realizar ningún tipo de actividad física. Realizar entre 1 y 2 veces la recomendación mínima (2,5-5 horas/semana) mediante la actividad de caminar se asoció con un 20 por ciento menos de riesgo de mortalidad. Los resultados para aquellos que excedieron las recomendaciones sobre andar solo fueron similares a los que cumplieron con las recomendaciones.

Caminar solo se vinculó de manera más fuerte con la mortalidad por enfermedades respiratorias, con un 35 por ciento menos de riesgo al comparar más de 6 horas/semana de caminata con el grupo menos activo. Andar solo también se asoció con un 20 por ciento menos de riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares y con un 9 por ciento menos de riesgo de mortalidad por cáncer.

«Caminar ha sido descrito como el ‘ejercicio perfecto’ porque es simple, gratuito, conveniente, no requiere ningún equipo o entrenamiento especial, y se puede hacer a cualquier edad --subraya Patel--. Con la casi duplicación de adultos mayores de 65 años que se espera para 2030, los médicos deben alentar a los pacientes a caminar incluso si es menor que la cantidad recomendada, especialmente a medida que envejecen, para la salud y la longevidad».

Hipertensión en Costa Rica representa mayor riesgo para hombres que para mujeres

Tomado de: www.nacion.com

Si durante dos semanas usted se toma la presión arterial y la encuentra por encima de 140/90, es bueno que consulte con un médico, ya que es posible que tenga hipertensión, una condición que si no se cuida y controla, desencadenará en enfermedades mayores que podrían llevarle a la muerte.

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Imperial College de Londres publicado en la revista médicaThe Lancet señala que esta enfermedad continúa siendo un enemigo de los costarricenses, especialmente para la población masculina.

El reporte exploró las estadísticas de esta enfermedad entre 1975 y 2016. Aunque el indicador de este padecimiento ha ido bajando con el tiempo, en ambos sexos, aún preocupa que uno de cada cinco hombres padecen el mal.

Entre 1975 y 2016, la hipertensión en ellos pasó de 25,9% a 21%, mientras que en las mujeres bajó de 23,9% a 16,3% (una disminución mayor).

Estos datos son parte de una investigación más amplia llamada NCD Risc, (Colaboración de Factores de Riesgo de Enfermedades No Transmisibles, por sus siglas en inglés), que también ha explorado otros temas, como la obesidad y sobrepeso, la diabetes y la estatura.

Nuestro país no está entre las naciones con mayores índices de esta enfermedad. De hecho, ocupa el puesto 182 (de 200) para los hombres y el 167 para las mujeres. No obstante, lo ideal –según la OMS– es mantener estos índices por debajo del 10%.

La nación con mayor nivel de hipertensión para los hombres es Croacia, con un 38,4%, y para las mujeres, es Niger, con un 35,8%.

Por su parte, el país con menos prevalencia de este mal crónico tanto para hombres como para mujeres es Corea del Sur, con un 13,8% para los hombres y un 8,2% para las mujeres.


"Qué bien que (en Costa Rica) estemos bajando los datos de hipertensión, pero no es suficiente. Debemos fijarnos en nuestra alimentación, no comer tantas grasas ni frituras, y buscar más frutas y verduras. También preocuparnos por hacer ejercicio. Esto bajará el riesgo de que nuestra presión arterial se dispare. Lo malo es que esta enfermedad en un inicio no da síntomas pero después es muy grave, por eso decimos que es el asesino silencioso", señaló la médico general Laura Granados.

¿Por qué los hombres ticos sufren más? De acuerdo con Granados, aunque sí hay factores de tipo genético, también entran en juego factores culturales, pues generalmente ellos le prestan menor atención a su salud que las mujeres.

¿Cómo comienza la hipertensión?

Cuando una arteria es normal, tiene flexibilidad que le permite a la sangre fluir sin contratiempos. Conforme una persona acumula años de malos hábitos, en las arterias se forman placas que se adhieren a las paredes internas. Estas placas están compuestas de colesterol, grasa, calcio y una sustancia llamada fibrina.

Estas placas vuelven a la arteria más rígida y menos flexible, lo que dificulta el paso de la sangre hacia el resto del cuerpo.

Los malos hábitos que llevan a las arterias a sufrir son varios: el sedentarismo, el consumo excesivo de grasas, sal, frituras y carbohidratos, la poca ingesta de frutas, el mal dormir o el fumado. Si alguien mantiene uno o varios de estos hábitos durante varios años, las arterias llevarán la peor parte.

Cuna de males mayores

Uno de los mayores problemas con la hipertensión es que si no se controla esta afecta a los órganos mayores del cuerpo.

El corazón es de los que más sufre con una presión arterial fuera de control. La obstrucción de las paredes de las arterias hace que sea más difícil para la sangre llegar al corazón y que este pueda bombearla.

Las paredes de este órgano se engrosan para transportar mejor la sangre, pero esto también disminuye el espacio del órgano.

El cerebro también se daña gravemente si la presión arterial no tiene un control adecuado. Las arterias y vasos capilares en esta zona son más delgados y pueden presentar mayores problemas, como un accidente cerebrovascular o derrame cerebral.

El pulmón también enfrenta secuelas serias. Los alvéolos (vasos capilares más pequeños) irrigan sustancias constantemente y si hay mayor presión, esto dificulta el respirar.

¿Qué hacer?
La OMS da cuatro consejos vitales para evitar "subidones" de presión arterial: realizar al menos 150 minutos de actividad física a la semana, no abusar de las bebidas alcohólicas, no fumar y tener una dieta alta en frutas y verduras y baja en grasas.

Si una persona ya tiene hipertensión, es importante que mantenga su tratamiento médico al pie de la letra para evitar complicaciones mayores, y que en caso de tener dudas, le consulte al especialista.


Las buenas decisiones en el estilo de vida añaden años a su vida

Tomado de: medlineplus.gov

Si cambia su estilo de vida, cambia su esperanza de vida.

Eso es lo que afirma un nuevo estudio que encontró que no fumar, cuidar su peso y seguir aprendiendo cosas nuevas podría ayudarle a vivir más tiempo.

Y los genes juegan una parte en las decisiones del estilo de vida que toman las personas, según los investigadores de la Universidad de Edimburgo, en Escocia.

"El poder de los datos numerosos y la genética nos permite comparar el efecto de distintas conductas y enfermedades en términos de meses y años de vida perdidos o ganados, y distinguir entre la mera asociación y el efecto causal", señaló el investigador Jim Wilson en un comunicado de prensa de la universidad. Pero este estudio no demostró que las decisiones del estilo de vida causen que la esperanza de vida se acorte o se alargue.

En el estudio, los científicos analizaron la información genética de más de 600,000 personas en Norteamérica, Europa y Australia a fin de determinar el modo en que los genes afectan a la esperanza de vida.

Por ejemplo, ciertos genes se asocian con un aumento del consumo de y la adicción al alcohol, explicaron los autores del estudio.

Fumar y los rasgos asociados con el cáncer de pulmón tuvieron el mayor efecto en la reducción de la esperanza de vida. Los investigadores determinaron que fumar un paquete de cigarrillos al día a lo largo de toda una vida lleva a una pérdida promedio de 7 años de vida.

Pero la buena noticia fue que los fumadores que dejaron el hábito vivieron tanto tiempo como las personas que nunca fumaron, según el informe.

Los investigadores también encontraron que la grasa corporal y otros factores asociados con la diabetes reducen la esperanza de vida. Por cada exceso de 2.2 libras (1 kg) que tiene una persona, la esperanza de vida se reduce en 2 meses, según los hallazgos.

Las personas que están abiertas a nuevas experiencias y que tienen unos niveles más altos de aprendizaje también tienden a vivir más tiempo, indicaron los investigadores. Cada año pasado en la escuela estudiando añadió casi un año a la esperanza de vida de una persona.

Wilson y sus colaboradores también encontraron que las diferencias en un gen que afecta a los niveles de colesterol en la sangre pueden reducir la esperanza de vida en unos 8 meses, y las diferencias en un gen asociado con el sistema inmunitario pueden añadir aproximadamente media año a la esperanza de vida.

El estudio aparece en la edición del 13 de octubre de la revista Nature Communications.

13 de octubre de 2017

¿Argumentos reales o excusas?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En el tiempo que tengo de ejercer mi profesión he escuchado muchas "razones" por las que la gente dice que no pierde peso (o no se apega a un estilo de vida saludable). Y a veces me he cuestionado si son realmente los motivos. 

Si bien en algunos casos pueden ser argumentos reales, muchas veces todo eso que la gente piensa que le impide lograr su meta está más en la mente que en la realidad. Hoy quiero referirme a algunos ejemplos.

1. "No tengo tiempo"

Probablemente una idea común: el tiempo no alcanza para hacer ejercicio ni para preparar alimentos saludables. Si bien en la actualidad hay muchas ocupaciones, un estilo de vida saludable realmente no implica una inversión muy grande de tiempo. Por ejemplo el ejercicio: nadie dice que tengamos que dedicar 1 hora diaria. Podemos hacerlo día por medio, 30 minutos (30 minutos, de 24 horas que tiene el día, no es imposible). Si no podemos hacerlo de día por medio pues empezamos con una vez a la semana y luego nos vamos acomodando a sacar un poquito más de tiempo. Y si tenemos una máquina en la casa para hacer ejercicio, es todavía menos válido el argumento del tiempo porque hasta podemos hacer el ejercicio mientras vemos televisión (porque a veces no se quiere sacrificar ese tiempo).

En cuanto al tiempo para cocinar y preparar los alimentos, por ejemplo podemos comprar frutas en unidad, que son más fáciles de llevar al trabajo. Si nos gusta la fruta picada, podemos dejarla picada la noche anterior, o podemos mantenerla en el refrigerador, ya lista nada más de empacar la cantidad que necesitamos. Con los vegetales también los podemos dejar ya picados listos solo para cocinarlos (inclusive en el microondas, o los podemos dejar ya precocinados en el congelador). Podemos preparar también un picadillo y dejar congeladas porciones en bolsitas. Podemos organizar un menú para hacer más práctica la preparación de las comidas, y además optimizamos el uso de los ingredientes (por ejemplo cocinar pollo una sola vez y utilizarlo en diversas preparaciones establecidas en el menú). Tal vez tenemos que dedicar un poco de tiempo un día para esas actividades que les recomiendo, pero verán que a la larga después más bien se ahorra el tiempo.

2. "Un estilo de vida saludable es caro"

Para hacer ejercicio no necesitamos pagar un gimnasio. Podemos salir a caminar, podemos aprovechar algún parque cercano, si tenemos espacio en casa podemos saltar cuerda o bailar...es cuestión de encontrar la opción que mejor se nos acomode, pero no es un requisito pagar una mensualidad en algún lugar.

En cuanto a la comida, podemos economizar mucho si vamos a las ferias del agricultor (y apoyamos a los productores locales). Podemos hacer una lista de los productos "innecesarios" que compramos con frecuencia: papitas, dulces, bebidas gaseosas, etc. Y destinar el dinero que gastábamos en eso, a la compra de otros productos que nos nutren más.

Tomemos en cuenta además que comer sano no es comer siempre salmón con espárragos, por poner un ejemplo. Podemos alimentarnos sanamente con alimentos como arroz, frijoles, huevo, vegetales y fruta de temporada (que siempre serán más baratos), entre otros. 

3. "De por sí pruebo de todo y después vuelvo a subir de peso"

En esos casos hay que pensar si de verdad se han efectuado cambios a conciencia o no. Muchas veces se hace una dieta por un tiempo, y al llegar a la meta se vuelven a los hábitos de antes. Si éste es el caso, no hay método que valga, el resultado será siempre el mismo.

También sucede que al decir: "lo pruebo todo", es que se intenta por una semana y al no ver resultado ya se abandona. Recordemos que no hay soluciones mágicas, y si el peso se ha ganado en más de una semana (meses o hasta años), difícilmente se va a perder de manera saludable en menos tiempo.

4. "Desde pequeño he sido gordit@ y eso ya no se puede cambiar"

Muchas veces esto sucede porque se aprenden malos hábitos desde la infancia. Y si bien por genética puede ser que se tenga una estructura gruesa, básicamente siempre es posible perder algo de peso (cualquier pérdida en éstos casos, puede ser de beneficio para la salud).

Además, ser gordit@ no significa que haya que comer "mal" o ser sedentario. Un estilo de vida saludable beneficia a todos.

5. "Ya estoy muy viej@ para ponerme a perder peso"

Si bien conforme van pasando los años puede ser más difícil quitarse algunos kilos de encima, tampoco es que no se pueda lograr. Y no olvidemos que nunca es tarde para empezar a cuidarnos y mejorar nuestros hábitos.

Tal vez haya que esforzarse un poco más, y ser un poco más paciente porque puede ser un proceso lento, pero se pueden obtener resultados.

6. "Yo no me porto tan mal para lo que peso, o para no poder bajar"

Es común subestimar las cantidades que se consumen, o no se toma conciencia de los hábitos que se tienen. Tal vez se piensa que ese vaso de Coca al día no hace daño, o esas comidas rápidas del fin de semana no pueden estar afectando tanto el peso.

A veces es necesario que alguien más nos haga ver lo que estamos consumiendo, porque podemos perder la perspectiva y "engañarnos" nosotros mismos. Por eso es muy útil el control con un Nutricionista, o como mínimo mantener un diario de comidas, que nos ayude a ir teniendo presente lo que estamos comiendo y que no se nos "olvide" luego (porque a veces no es hasta que alguien nos empieza a preguntar en profundidad, que recordamos y hacemos un recuento de lo que hemos venido comiendo).


Si ha estado usando éstas frases para responderse a sí mismo el por qué no tiene hábitos saludables o no pierde peso, tal vez es hora de hacer un examen de conciencia. Hay que ser sincero con uno mismo respondiéndose: ¿son argumentos reales o son excusas?

Cómo estimular a los niños a desayunar


La planificación, la elección de alimentos nutritivamente adecuados, y la creación de un ambiente adecuado son las claves para convertir las mañanas en momentos más amenos

Cuando el niño se levanta sin ánimo de desayunar, no es recomendable forzarlo a hacerlo, a pesar de haber repetido cientos de veces que el desayuno es una comida fundamental. La estrategia, entonces, debería ser mejorar el desayuno, desde los alimentos que se ofrecen hasta el tiempo que se dedica a realizarlo. Además, se debe prestar atención a las horas de descanso previo y, de ser necesario, contar con la opción del "desayuno diferido".

Lo que sucede comúnmente es que el niño no se levanta con suficiente tiempo para despejarse, vestirse y sentarse tranquilamente a desayunar junto con los demás miembros de la familia. Y en los tiempos modernos es comprensible que suceda. Sin embargo, los adultos deberían predicar con el ejemplo.

El desayuno podría ser un momento de encuentro, para organizar en familia las tareas y actividades que cada uno llevará a cabo. Probablemente, sea más estimulante para el niño pasar un momento divertido en familia que comer o beber algo antes de salir para la escuela solo porque los expertos dicen que así rendirán mejor o no sufrirán de sobrepeso.

Tal vez sea buena idea planificar y preparar el desayuno la noche anterior. Si el niño se acuesta a una hora prudente, es probable que al día siguiente se levante más descansado, con tiempo y ánimo para desayunar. Todo desayuno para ser completo debe contar con un lácteo, un panificado y una fruta. ¿Algunas opciones? Un pote de arroz con leche, una crema, un licuado de leche y fruta, un yogur con frutos secos, tostadas integrales con queso magro y luego una fruta fresca o en forma de jugo.

De todos modos, no es necesario obligar al niño a comer apenas se levanta si no tiene hambre. En estos casos se puede implementar el desayuno en diferido. Significa que, en vez de desayunar en casa, lo hacen un poco más tarde, siempre y cuando cuenten con alimentos saludables. En este caso, hay que pensar en poner algo nutritivo en la vianda y no en opciones más rápidas y poco apropiadas. Lo mejor sería, por ejemplo, preparar un sándwich de pan integral con queso fresco magro, lechuga y tomate, o con tomate y palta. Hay cientos de combinaciones con vegetales, frutos secos y quesos para ir variando día a día.

Otra opción para el desayuno diferido es la fruta cortada y pronta para comer, puede ser también en forma de brochettes, ensaladas o incluso hasta bañadas en chocolate y frutos secos.

En cualquier caso, es importante permitirle al niño participar en la planificación (y por qué no en la preparación) para que pueda expresar sus gustos y preferencias, sabiendo que tendrá que elegir entre ciertas opciones nutritivas y que otros tipos de alimentos no serán adecuados para esa ocasión.

La obesidad infantil se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años

Tomado de: www.elmundo.es

Crece la incesante paradoja de la alimentación en la salud a nivel mundial. Mientras el número de niños y adolescentes con obesidad se ha multiplicado por 10 en los últimos 40 años, las cifras de bajo peso en la población infantil continúan siendo alarmantes, especialmente en el sur de Asia. Así se desprende de un detallado estudio que acaba de publicar la revista 'The Lancet'.

Concretamente, de 1975 a 2016 , las niñas con obesidad pasaron de ser cinco millones a 50 millones. En el caso de los niños, y en ese mismo transcurso de tiempo, la cifra incrementó de seis millones a 74 millones. Se trata de "un análisis global de tendencias en obesidad infantil y adolescente realizado en 200 países y que incluye datos no examinados anteriormente sobre la media del índice de masa corporal y el bajo peso en pequeños por encima de los cinco años hasta los 19", subrayan los autores del trabajo, elaborado por el Imperial College London y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Coincidiendo con el Día Mundial de la Obesidad, esta investigación pone en la 'diana' el problema de obesidad infantil y adolescente que sufren algunos países. Según sus datos, por ejemplo, en ciertas islas de Polinesia la tasa de obesidad supera el 30% de esta parte de la población. En Estados Unidos, este porcentaje no baja del 20%, igual que ocurre también en algunas naciones de Oriente Medio y el Norte de África, como Egipto, Kuwait, Qatar y Arabia Saudita. Tampoco se salva de un alto porcentaje El Caribe (Puerto Rico). En todo el mundo, en 2016, había 124 millones de niños y adolescentes obesos y 213 millones con sobrepeso.

Haciendo un recuento general, la prevalencia global ha aumentado del 0,7% al 5,6% para las niñas y del 0,9% al 7,8% para los niños. "Las tasas de obesidad infantil y adolescente han aumentado significativamente en las últimas cuatro décadas en la mayoría de los países del mundo", afirma Jame Bentham, de la Universidad de Kent (Reino Unido).

Como señala la presidenta electa de la Asociación Europea para el Estudio de la Obesidad (EASO), Nathalie Farpour-Lambert, "la obesidad infantil es uno de los mayores desafíos de la salud en el siglo XXI". En Europa, el 19%-49% de los niños y el 18%-43% de las niñas tiene sobrepeso u obesidad, lo que representa aproximadamente entre 12 y 16 millones de jóvenes afectados. Y, en vista de los nuevos datos, esta 'plaga' continúa aumentando, excepto en Dinamarca, Francia, Suecia y Suiza, donde parece que las cifras se van nivelando.


En España, según la investigación de la OMS, entre 1975 y 2016, la prevalencia de la obesidad ha aumentado en niños del 3% al 12% y en niñas, del 2% al 8%. En este punto, María del Mar Tolín Hernani, especialista de la sección de Gastroenterología y Nutrición Infantil del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, aclara que en los últimos años, "gracias a las políticas (como el desayuno saludable y la promoción de actividad física) dirigidas a la población infantil en los colegios, la prevalencia se ha estancado".

A los expertos les preocupan las consecuencias del aumento excesivo de peso durante los primeros años de vida. Está claramente asociado con un mayor riesgo y aparición temprana de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2 y también se relaciona con peores resultados psicosociales y educativos.

"La obesidad infantil es una enfermedad compleja con una base multifactorial. Se ha demostrado que tiene una fuerte asociación con la mortalidad y morbilidad de los adultos", señala Farpour-Lambert, quien argumenta que esta condición, una vez aparece en fases tempranas, tiene tendencia a continuar a lo largo de la vida y cuanto mayor sea la exposición, más riesgo habrá de sufrir enfermedades crónicas. "Más hipertensión, más hiperglucemia, hipercolesterolemia... Con repercusión a todos los niveles: incremento del riesgo cardiovascular, infartos, ictus, problemas de morbilidad y también de mortalidad", agrega la especialista española al comentar esta investigación internacional.

Extremo opuesto: desnutrición y bajo peso

Al otro lado de la moneda se encuentra el reto del bajo peso que sufren 75 millones de niñas y 117 millones de niños en 2016. Casi dos tercios de esta población viven en el sur de Asia, según concluye esta investigación que reúne datos de 2.416 estudios. En total, han participado 129 millones de personas de 200 países, lo que incluye 31,5 millones de niños y adolescentes entre cinco y 19 años, sobre los que se han realizado estimaciones de tendencia en el índice de masa corporal.

Las altas tasas de malnutrición en la población infantil suponen un mayor riesgo de enfermedades infecciosas. Para las niñas en edad fértil se asocia, además, con más mortalidad materna, complicaciones de parto, parto prematuro y lento crecimiento intrauterino. Sólo en el sur de Asia, el 20,3% de las niñas tenían bajo peso en 2016.

Esta doble realidad en la salud alimentaria mundial, apuntan los investigadores del Imperial College London, obliga a reflexionar sobre la "necesidad de mejorar las políticas que aborden al mismo tiempo el exceso de peso y la desnutrición". En palabras de la presidenta electa de la AESO, "la infancia es una oportunidad única para tener un impacto en la vida, la calidad de vida y la prevención de las discapacidades [...] Es necesaria una acción urgente". Para el Grupo de Trabajo de la Obesidad Infantil de la AESO, "considerar la obesidad como una enfermedad crónica es un paso crucial para aumentar la conciencia individual y social, mejorar el desarrollo de nuevas intervenciones preventivas y políticas de salud y mejorar el cuidado de los niños con obesidad en todo el mundo".

En este sentido, aunque se han desarrollado algunas iniciativas para aumentar la conciencia sobre la obesidad en las etapas iniciales de la vida, el profesor Majid Ezzati, firmante del estudio, se atreve a señalar que "la mayoría de los países de altos ingresos han sido reacios a usar impuestos y regulaciones industriales [...] Muy pocos programas intentan que alimentos como las frutas y verduras sean más asequibles para las familias con menos recursos". Precisamente la inaccesibilidad a los alimentos más saludables es lo que conduce a un aumento de la obesidad.

No obstante, los autores de este análisis recuerdan que las políticas para prevenir la obesidad infantil deben ir acompañadas de terapias conductuales para modificar la dieta y el ejercicio. En caso necesario, debe compaginarse además con el manejo de posibles problemas asociados como la hipertensión y facilitar el acceso a tratamientos con cirugía. Lo que está claro, afirma otro de los autores del documento, Leanne Riley, es que "las tendencias muestran que sin una acción seria para combatir la obesidad durante los primeros años de vida, se pondrá en gran peligro e innecesariamente la salud de millones de personas, con el coste que esto conlleva".

Para luchar contra la malnutrición que conduce al bajo peso infantil, siguen siendo necesarias iniciativas y más donaciones. No hay que olvidar, remarca Ezzati, que "la transición de bajo peso al sobrepeso y la obesidad puede ocurrir rápidamente en una transición nutricional poco saludable, con un aumento de alimentos pobres en nutrientes y densos en energía", por lo que conviene reflexionar sobre el desarrollo de políticas que modifiquen ambas realidades. Según la conclusión a la que llegan los autores, "de continuar en la misma línea de las tendencias presentadas en estos 40 años, se espera que la obesidad infantil y adolescente supere al bajo peso en 2022".

Trece tipos de cáncer están relacionados con sobrepeso y obesidad

Tomado de: www.nacion.com

El sobrepeso y la obesidad no son solo antesala de males cardiovasculares, también son factores que podrían incidir en 13 tipos de cáncer. Así lo señala un informe difundido por el Centro de Diagnóstico y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).

Estos tumores son el meningioma (cáncer en el tejido que recubre el cerebro y la médula espinal), adenocarcinoma de esófago, tiroides, mama (en mujeres posmenopáusicas), mieloma múltiple (tipo de cáncer en las células de la sangre), hígado, riñones, vesícula biliar, estómago, páncreas, útero, colon y recto.

Estos padecimientos constituyen el 40% de todos los tumores malignos diagnosticados. Dos de cada tres de estos casos se desarrollan en personas entre los 50 y los 74 años.

¿A qué se debe? Según el reporte, "el sobrepeso y la obesidad causarían modificaciones en el cuerpo que pueden llevar al cáncer. Dentro de estos cambios están la inflamación de ciertos órganos y tejidos y el aumento de varios tipos de hormonas".

El documento añade que con el cáncer, la reproducción de las células en alguna parte del cuerpo se altera y comienza a darse sin ningún orden. Estas células crecen y forman un tumor, estas células cancerígenas no cumplen la función normal y, además, afectan el resto del cuerpo y las defensas.

Cuando una persona tiene sobrepeso u obesidad, las sustancias y hormonas que el cuerpo genera van aumentando poco a poco el riesgo de esta reproducción anormal.

Es un proceso que no siempre se da y que tarda varios años, por lo que si el paciente llega a un peso normal su riesgo de desarrollar la enfermedad es igual al de quienes nunca han estado pasados de peso.Es decir, el daño podría considerarse reversible.

La enfermedad no se limita a la zona del tumor, afecta a todo el cuerpo. En el caso del sobrepeso, el riesgo de que se extienda a otras zonas del organismo también es mayor.


En Costa Rica, una investigación publicada en el 2015 en la revista médica The Lancet Oncology, señaló que en el orbe, el 3,6% de todos los tumores tienen como causa el sobrepeso.

Dicho estudio explicó que "el exceso de peso en sí mismo no origina el cáncer, pero promueve la manifestación de cambios genéticos que pueden llevar a malignizar las células poco a poco y eso hagan que se presenten los síntomas".

El sobrepeso no solo aumenta el riesgo de estos tumores, también el de morir por ellos.

Si una persona con obesidad o sobrepeso desarrolla un tumor tendrá mayores posibilidades de fallecer en los siguientes cinco años que alguien con el mismo problema pero con un peso normal.

¿Cómo bajar el riesgo'

En CDC es muy claro con las medidas que deben tomarse para evitar el sobrepeso y la obesidad. No hace falta desembolsar grandes cantidades de dinero ni someterse a tratamientos extremos.

Comer cinco porciones diarias de frutas y verduras, evitar las frituras y el exceso de azúcar, realizar 150 minutos semanales (unos 30 minutos al día) de actividad física moderada a la semana (como caminar rápido o su ejercicio favorito), no fumar y no abusar de las bebidas alcohólicas, son estrategias preventivas.

Si usted ya tiene unos kilos de más, no busque hacer dietas que se encuentran en Internet o la que hizo su prima o su tía, pero sí puede comenzar a comer más sanamente. Si quiere un programa de alimentación, entonces sería bueno consultar con un nutricionista.

En el caso de que tenga enfermedades crónicas como hipertensión o diabetes es importante que siga el tratamiento que le indicó el médico al pie de la letra.

6 de octubre de 2017

Tomemos nuestro tiempo para comer

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

¿Ha pensado alguna vez (o con frecuencia) "voy a comer rápido para poder terminar X cosa del trabajo"? ¿O tal vez: "voy a comer en una carrera para aprovechar de hacer unos mandados"? También a veces ya por costumbre se come rápidamente. Pero ésto no es un hábito saludable.

Todo el proceso de digestión comienza desde la boca, con la liberación de algunas enzimas digestivas y el mismo proceso de masticación. Entre mejor masticamos la comida, más fácil va a ser luego el proceso de la digestión.

Cuando comemos muy rápido pasamos por alto el detalle de masticar y simplemente pensamos en tragar. Al hacer esto, no dejamos que actúe bien la saliva con sus enzimas, los alimentos no llegan bien triturados al estómago y es más el trabajo que debe hacer el sistema digestivo para procesarlos. Esto nos puede provocar después algunos trastornos como malestar estomacal, inflamación, colitis, entre otros. 

Además de dichos problemas digestivos, nuestro cuerpo va a estar enfocado en tratar de digerir la comida y no en otras actividades, por lo que no vamos a rendir igual y hasta podemos sentir cierto adormecimiento o cansancio después de las comidas.

Pero además de las dificultades para la digestión, existe otro factor importante por el que deberíamos evitar comer rápido, y es el hecho de que puede favorecer la ganancia de peso, o hacer difícil la pérdida. Cuando comemos, conforme los alimentos van llegando al estómago éste se distiende o se expande. Conforme eso pasa, se liberan hormonas que regulan la saciedad y se van enviando mensajes al cerebro que nos dicen: ¡es hora de ir parando de comer, ya te estás llenando!

Este proceso de enviar señales del estómago al cerebro toma tiempo. Por lo que si terminamos de comer muy rápido, acabamos con la comida y nuestro cuerpo todavía no sabe que ya no necesita comer más. Es entonces cuando podemos caer en el error de "buscar un poquito más" porque no nos sentimos llenos.

¿Qué podemos hacer para bajar la velocidad al comer?

1. Aunque hayan cosas que hacer, dediquemos siempre el tiempo respectivo a comer. No debemos pensar que es solo "echar la comida en el cuerpo". Alimentarse implica disfrutar la comida, masticarla bien y saborearla. 
2. Si considera que definitivamente a la hora usual del almuerzo le queda complicado sentarse a hacerlo, es mejor entonces hacer una pequeña merienda y ya después sacar el tiempo para comer.
3. Si come rápido por costumbre, puede empezar a proponerse masticar las comidas una determinada cantidad de veces. O también puede hacerse el hábito de dejar los cubiertos en el plato entre un bocado y otro, solo los toma de nuevo hasta que ya tragó.

En la época actual vivimos muy pendientes del tiempo y de aprovecharlo al máximo, pero hay actividades que requieren que nos lo tomemos con calma. Comer es una de ellas, y su salud le agradecerá que lo haga.

Cuáles son los efectos del consumo excesivo de grasas en la adolescencia


Las mujeres que presentan una densidad mamaria abundante tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama. La densidad mamaria es la cantidad de tejido fibroso y glandular de los pechos. Pero parecería ser que esto no solo está condicionado por factores genéticos sino también ambientales y se ha visto que la dieta, y más precisamente el tipo y cantidad de grasas que ingieren las adolescentes, aumenta su riesgo de padecer este tipo de cáncer de adultas.

La investigación, que fue llevada a cabo por la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland en Baltimore, EE.UU. señala que durante la adolescencia el tejido mamario es más sensible, pues es la etapa en la que se produce su desarrollo y cambios estructurales.

Llevar una dieta saludable y apropiada para esa edad puede entonces contribuir a reducir el riesgo de tumores, además de otras enfermedades como la obesidad, la diabetes, y las enfermedades cardiovasculares.

En el año 1988 se llevó a cabo el Estudio de Intervención Dietética en Niños (DISC). En el mismo se recabaron datos de hábitos alimentarios de 663 menores de entre 8 y 10 años, 301 de los cuales eran niñas. Los investigadores analizaron los datos de este estudio y luego midieron a través de resonancia magnética la densidad mamaria de 117 mujeres de entre 25 y 29 años que habían participado del DISC.

De los datos recabados se desprende que un consumo de grasas saturadas elevado o de grasas mono y poliinsaturadas reducido aumenta la densidad mamaria. Joanne Dorgan, co-autora del estudio, concluye: "nuestros resultados son particularmente interesantes porque la dieta durante la adolescencia se puede modificar, mientras que otros factores bien conocidos para el cáncer de mama como son la edad del inicio de la menarquia y el número y momento de los embarazos ofrecen un escaso margen de intervención". Y aclara: "Por lo que respecta a la dieta una vez alcanzada la edad adulta, el consumo de alcohol es el único factor dietético consistentemente asociado con el riesgo de cáncer de mama".