15 de diciembre de 2017

Grasas o carbohidratos: ¿cuál es el malo?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Por muchos años escuchamos que las grasas eran malas, que había que cocinar con poquita grasa, que todo había que comerlo con la menor cantidad de grasa posible. Según he visto en mi consulta, algunas personas aún creen que es así.

Por otro lado, actualmente ha aparecido otro "villano": los carbohidratos o el azúcar (a veces ambos son igualmente temidos). Son muchos lo que buscan no solamente evitar el azúcar, sino todo carbohidrato en general. Así que hoy quiero enfocarme en este tema.

Las grasas y los alimentos ricos en ellas, usualmente tienen un alto aporte de calorías. Y como regla general siempre se ha tenido que: si consumimos un exceso de calorías vamos a ganar peso. Pero ahora sabemos un poco más, ya que no debemos solamente contar las calorías, sino también pensar en el efecto que tienen en el cuerpo los alimentos o los nutrientes de los que provienen esas calorías.

En el caso de las grasas, las grasas saludables (monoinsaturadas y poliinsaturadas) pueden favorecer más bien la pérdida de peso y grasa corporal (sí: comiendo grasa favorecemos que se pierda grasa). Además, las grasas saludables nos ayudan a mejorar el perfil de lípidos en la sangre (reducir, colesterol total, triglicéridos, colesterol "malo" y aumentar el colesterol "bueno"). Y por supuesto no podemos olvidar que las grasas tienen funciones importantes en nuestro organismo, por lo que son un nutriente necesario que no deberíamos eliminar, y mucho menos temerlo, si elegimos las opciones más adecuadas para nosotros.

Respecto a los carbohidratos, igualmente podemos hablar de carbohidratos más y menos saludables. El azúcar es un carbohidrato, pero sabemos que si lo consumimos en exceso no sólo favorecemos la ganancia de peso, sino que favorecemos la acumulación de grasa corporal así como el riesgo de enfermedades como la diabetes. Y en general un consumo excesivo de carbohidratos puede tener esas consecuencias. Pero no podemos dejar de lado que hay alimentos fuente de este nutriente que también pueden ser beneficiosos ya que nos aportan por ejemplo fibra, vitaminas y minerales, y además son fuente de energía: estamos hablando de alimentos como las tortillas, frijoles, garbanzos, lentejas, arroz, etc. Como vemos, tanto las grasas como los carbohidratos, pueden ser buenos o benéficos, o dañinos y perjudiciales. 

Ahora bien, decir cuál es el malo de la película es un poco más complejo que simplemente señalar a uno de los dos. Porque va a depender mucho de la calidad del resto de nuestra alimentación y nuestro estilo de vida en general.  

Debemos tener en cuenta además otra problemática actual respecto a éstos nutrientes: muchos alimentos procesados esconden gran cantidad de grasa, azúcar o ambos. Entonces aunque creemos que tal vez no consumimos gran cantidad de éstos, sin darnos cuenta tal vez sí lo estamos haciendo. Y debemos tener en cuenta que la combinación grasa-azúcar tiende a ser adictiva y nos hace buscar más alimentos similares.

Entonces no pensemos en que debemos evitar uno u otro nutriente, sino en que debemos elegir los alimentos que resultan más saludables, de ésta forma no tenemos por qué tenerle miedo a las grasas o los carbohidratos, porque vamos a saber que lo que estamos comiendo es lo que más nos va a favorecer.

Dudas comunes de las dietas


Expertos responden algunos de los mitos más comunes a los que se enfrenta la población a la hora de iniciar un plan de alimentación

1. Para bajar de peso ¿se debe dejar de comer chocolate/pan/asado?

De acuerdo con la Licenciada Sabrina Kuzawka, miembro de Nutrición Educación y Terapéutica (NET) "Lo importante es saber cómo incorporarlos en la alimentación diaria". Excepto que exista restricción médica por alguna razón, todo se puede comer, ya que no existen alimentos malos o buenos en sí mismos, si no distintas frecuencias, porciones y ocasiones para consumirlos.

La Doctora Mónica Katz, especialista en nutrición añade, además, que "ingerir cada día una porción, la porción justa, de lo preferido, disminuye el descontrol.

2. Una dieta basada en proteínas ayuda a bajar de peso.

Los alimentos ricos en proteínas aumentan la sensación de saciedad y el gasto energético. Pero una dieta basada en alimentos proteicos que excluya los hidratos de carbono no es una buena idea, ya que promueven una pérdida de peso a expensas de masa muscular y agua corporal, no de tejido adiposo. Esto hace que el peso disminuya rápidamente, pero se recupere después. Toda alimentación saludable debe incluir los tres tipos de nutrientes: hidratos, proteínas y grasas en sus justas proporciones.

3. Las tostadas ayudan a adelgazar más que el pan no tostado.

Negativo. Una porción de pan sin tostar tiene las mismas calorías que una tostada, lo que varía, lógicamente, es su humedad. Sin embargo, el organismo hace más trabajo para digerir y absorber el pan sin tostar, lo cual brinda saciedad y un gasto energético levemente mayor que la tostada. La ventaja de la tostada, es que, al tener más consistencia y textura más crocante, exigen mayor masticación y llevan más tiempo para comer, lo cual puede resultar una buena estrategia en tratamientos de descenso de peso corporal.

4. ¿Se puede comer fruta cuando se está a dieta?

Según Katz, las dietas de moda tienden a excluir las frutas de la alimentación. Sin embargo, cualquier plan de alimentación saludable debe incluir al menos cinco porciones entre frutas y verduras por día.

5. ¿Por qué se recomienda hacer ingestas frecuentes?

Hacer las cuatro comidas principales y dos colaciones por día contribuye a una mejor distribución de los nutrientes necesarios y genera un gasto energético permanente. Sin embargo, no se debe dejar pasar menos de tres horas entre las ingestas, lo cual se conoce como "picoteo".

6. ¿Es cierto que no habría que comer después de las 9:00 pm?

La Licenciada Silvina Tasat, vocalista de la Sociedad Argentina de Nutrición, explica que comer a la noche no engorda más. Lo que sí conviene es, como dice el dicho, "cenar como mendigo", pero no para perder peso, sino para no sentir pesadez antes de dormir.

7. No se deben combinar las proteínas y los carbohidratos.

Tasat asegura que "no hay ningún inconveniente en mezclar hidratos de carbono con proteínas". El problema radica en las cantidades, que deben ser las adecuadas. Por ello, en general se distribuyen entre el almuerzo y la cena, para no comer en exceso, acompañando siempre de vegetales y fruta como postre.

Perder solo un poco de peso podría reducir el riesgo de cáncer de mama

Tomado de: medlineplus.gov

Nunca es demasiado tarde para que una mujer pierda peso y reduzca así su riesgo de cáncer de mama, según un estudio reciente.

Los investigadores encontraron que una pérdida de un 5 por ciento o más del peso después de la menopausia podría reducir las probabilidades de sufrir un cáncer de mama en aproximadamente un 12 por ciento. Para una mujer que pese 170 libras (77 kg), perder un 5 por ciento de su peso serían 8.5 libras (3.8 kg).

"Una pérdida modesta de peso que parece ser sostenible podría tener una consecuencias importantes para la salud", dijo el autor principal del estudio, el Dr. Rowan Chlebowski, profesor de investigación del departamento de investigación en oncología y terapias médicas en City of Hope en Duarte, California.

"Se trata de hallazgos esperanzadores. No tiene por qué tener un peso normal para obtener un beneficio, y no necesita perder una cantidad tremenda de peso. Se puede lograr perder el 5 por ciento del peso por uno mismo", añadió Chlebowski.

La obesidad es un factor de riesgo conocido del cáncer de mama. Pero Chlebowski afirmó que no ha estado claro si perder peso podría prevenir el cáncer de mama. Y si perder peso podría marcar una diferencia en el riesgo de cáncer de mama, no se sabía si había un momento óptimo para perder peso.

Este estudio incluyó datos de más de 61,000 mujeres postmenopáusicas de la Iniciativa de salud de las mujeres, un estudio de gran tamaño realizado a muy largo plazo de mujeres de los Institutos Nacionales de la Salud de EE. UU. Todas las mujeres tenían una edad comprendida entre los 50 y los 79 años cuando entraron en el estudio entre 1993 y 1998. Ninguna tenía antecedentes de cáncer de mama y todas se hicieron una mamografía con resultados normales al inicio del estudio.

El peso de las mujeres se tomó al inicio del estudio y otra vez al cabo de tres años, señaló Chlebowski. Se hizo un seguimiento de su estado de salud durante un promedio de más de 11 años.

Durante ese tiempo, más de 3,000 mujeres desarrollaron un cáncer de mama invasivo.

Del grupo original, más de 8,100 mujeres perdieron un 5 por ciento o más de su peso corporal. Los investigadores compararon a esas mujeres con más de 41,000 mujeres cuyo peso permaneció estable.

Las mujeres cuyo peso se mantuvo estable tuvieron un índice de masa corporal (IMC) promedio de 26.7. El IMC es una medida aproximada de la grasa corporal basada en la medición de la estatura y el peso.

Un IMC de 18.5 a 24.9 se considera normal, mientras que de 25 a 29.9 es sobrepeso y más de 30 se considera obesidad. Una mujer de 5 pies y 6 pulgadas (1.68 metros) que pese 170 libras (77 kg) tiene un IMC de 27.4, según el Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de EE. UU.

Las mujeres que perdieron peso voluntariamente en el estudio empezaron con un IMC de 29.9.

"Las mujeres que perdieron un 5 por ciento de su peso o más pesaban más y eran menos activas", indicó Chlebowski.

Los investigadores encontraron que cuando las mujeres perdieron incluso más peso (un 15 por ciento o más de su peso corporal), el riesgo de cáncer de mama se redujo un 37 por ciento.

Hay una serie de factores asociados con la pérdida de peso, como una menor inflamación, que podrían explicar el riesgo más bajo de cáncer, dijo Chlebowski. Pero el estudio no demostró que ese peso perdido hiciera que el riesgo de cáncer de mama se redujera.

Además de encontrar que perder peso estaba vinculado con un riesgo más bajo de cáncer de mama, los investigadores también observaron qué efecto tenía aumentar de peso. Más de 12,000 mujeres aumentaron de peso durante el estudio, y en general, ese aumento no pareció incrementar el riesgo de cáncer de mama.

Pero cuando los investigadores observaron los tipos específicos de cáncer de mama, vieron un aumento del 54 por ciento en el riesgo de un tipo de cáncer llamado cáncer de mama triple negativo en las mujeres que aumentaron de peso tras la menopausia.

Chlebowski dijo que la razón por la que aumentar de peso incrementaría el riesgo de este cáncer en concreto no está clara.

La Dr. Virginia Maurer, jefa de cirugía del seno y directora del programa de salud del seno en el Hospital Winthrop de la NYU, en Mineola, Nueva York, dijo que se trata de un estudio importante que muestra que nunca es demasiado tarde para perder peso.

"Perder peso y hacer más ejercicio son dos cosas sobre las que se tiene control", dijo Maurer, que no participó en el estudio. "Así reducirá su riesgo de cáncer de mama, de enfermedad cardiovascular, de diabetes, de enfermedad de las articulaciones y de otros cánceres relacionados con el peso".

Recomienda que se hagan 3 o 4 horas de ejercicio aeróbico a la semana, junto con algo de entrenamiento de fuerza.

Chlebowski presentó la investigación de su equipo el viernes de la semana anterior en el Simposio de Cáncer de Mama de San Antonio. Los hallazgos presentados en reuniones generalmente se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista revisada por profesionales.

Tomar un huevo al día no supone un riesgo para la salud

Tomado de: www.elmundo.es

Cocidos, escalfados, pasados por agua, fritos, revueltos, en tortilla... El huevo es uno de los alimentos más preciados para los paladares por su sabor y por tratarse de uno de los complementos ideales tanto en platos salados como dulces. Pero su valor no sólo radica ahí, ya que se trata de uno de los productos más completos que existen a pesar de su pequeño tamaño: tiene las proteínas de mejor calidad biológica, además de casi todas las vitaminas (A, B, D y E), aminoácidos esenciales y minerales como hierro, fósforo y selenio. La mayoría de estos nutrientes están en la yema, así como los lípidos, pero estos son principalmente ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados (beneficiosos para la salud cardiovascular), mientras que en la clara se aloja más de la mitad del total de las proteínas. 

La leyenda negra que siempre ha perseguido a esta píldora nutricional se originó en los años 60 cuando el Estudio Framinghan sobre la salud concluyó que las personas con el colesterol alto tenían un mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Para evitar que éste aumentara, se empezó a recomendar reducir la ingesta de colesterol en la dieta. "Se estableció no superar los 300 mg para que los niveles fueran adecuados. El alimento con más colesterol son los sesos, pero como no es muy extendido se centró la atención en el segundo que más lo contenía: el huevo (unos 200mg/unidad)", afirma Ana María López Sobaler, profesora del departamento de Nutrición y Ciencia de los Alimentos de la Universidad Complutense de Madrid. En aquel momento, la Asociación Americana del Corazón empezó a recomendar reducir su consumo (no más de tres a la semana) y eso se trasladó a la comunidad médica y a la población en general. 

Dos décadas después, en los 80, el mismo estudio amplió sus investigaciones recogiendo datos sobre la dieta y se comprobó que la cantidad de colesterol que se ingería no tenía ninguna relación con sus niveles en la sangre. En realidad, tiene más que ver "con el consumo de grasa total, sobre todo saturadas. De esta manera podemos encontrar dietas con un contenido de colesterol muy bajo pero que pueden elevarlo en la sangre", explica Juan José López Gómez, miembro de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. Pero la idea de que el huevo aumentaba el colesterol había quedado en el ideario colectivo y el daño ya estaba hecho. 

Hoy, en base a numerosos estudios científicos, se ha demostrado que este alimento no sólo no es perjudicial para la salud sino que protege frente a algunas dolencias. "Uno de sus componentes, la colina, es un componente fundamental de las neuronas y se está viendo que también podría ayudar a prevenir enfermedades como el Alzheimer y algunos tipos de cáncer. De hecho, con dos huevos ya se cubre la mitad de este nutriente que se considera adecuado al día", explica López Sobaler. Por otra parte, protege la vista (por el efecto de sus antioxidantes) y previene enfermedades cardiovasculares como la arterioesclerosis ya que aporta grasas insaturadas en su composición.

Las recomendaciones

No se trata de tomar 25 de golpe, al estilo Paul Newman en La leyenda del indomable, pero la creencia de que no hay que tomar más de tres a la semana ha quedado obsoleta. "Si se tienen en cuenta las directrices de la dieta mediterránea, lo adecuado es un consumo de entre dos y tres raciones (100 gramos cada una) de alimentos proteicos al día: carnes, pescado o huevos. Según las preferencias de cada uno, se pueden alternar y por lo tanto, consumirse unas tres o cuatro raciones de huevos por semana", explican desde el Instituto de Estudios del Huevo. Si se tiene en cuenta que uno de peso medio son unos 50 gramos, una ración serían dos huevos, por lo que "el consumo de uno diario no supondría ningún problema para la salud", siempre dentro del contexto de una dieta equilibrada con el resto de nutrientes. "Quien siga una dieta vegetariana necesitará consumir más huevos y lácteos sin tener que recurrir a suplementos", continúan desde el Instituto. 

Rocky Balboa se tragaba cinco crudos como preparación para su duro entrenamiento. Lejos de tratarse de una opción recomendable (debido al riesgo de contaminación bacteriana y porque sus nutrientes no son absorbidos de la misma manera) la ingesta de huevo, principalmente de clara para evitar la grasa de la yema, es una práctica muy extendida entre los deportistas, ya que "ayuda en el desarrollo de la musculatura al estar compuesta por agua y proteínas (albúmina, que es la que contiene aminoácidos encargados de la construcción muscular)", cuenta María Amaro, experta en nutrición de la Clínica Feel Good. 

El contenido de un huevo es capaz por sí mismo de crear vida, de la misma forma que también nutre la nuestra.

8 de diciembre de 2017

¿Es ésta la dieta para mí?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

En éstos tiempos en que encontramos dietas y métodos para perder peso en muchos medios (televisión, revistas, redes sociales, Internet, etc) es muy común escuchar en mi consulta muchas experiencias previas de pérdida de peso. 

Desde personas que han hecho dietas con las que pasan mucha hambre, hasta los que me han dicho que hicieron una dieta que les dio, por ejemplo, gastritis. Inclusive hay quienes preguntan: ¿y con la dieta que usted me va a dar voy a poder comer arroz? (o cualquier otro ejemplo de alimento que se les ocurra).

No es mi objetivo con ésta publicación decir si determinado sistema de pérdida de peso o dieta funciona o no, es riesgoso o no. Ya había escrito una publicación similar, pero dadas las consultas que recibo, hoy quiero ofrecerles además algunas recomendaciones muy sencillas que nos pueden ayudar a determinar si el plan o método que planeamos usar (o estamos usando) es apropiado para nosotros:

1. Es importante al iniciar una dieta pensar si es algo que vamos a poder mantener a lo largo del tiempo o sólo lo vamos a lograr por unos días. Porque ese es el tiempo que van a durar los resultados. Por eso aparece el famoso efecto rebote: si hacemos cambios por un tiempo pero luego volvemos a los hábitos anteriores, vamos a volver también a pesar lo que pesábamos antes (o hasta más).

2. Analicemos si nuestro cuerpo se va a nutrir con lo que vamos a comer. Si tenemos que eliminar grupos de alimentos o sustituir comidas con algún producto, puede ser que estemos a riesgo de sufrir alguna deficiencia de uno o más nutrientes. Siempre podemos investigar y consultar con otros profesionales. No hay que quedarse sólo con la información que da quien ofrece la dieta o el producto.

3. Observemos si la dieta o el método considera nuestras costumbres y preferencias, y si debemos variarlas mucho o no (y si vamos a poder hacerlo). Por ejemplo, si soy una persona que no come muchas carnes y la dieta implica comer mucho más de lo habitual, ¿voy a poder hacerlo?

4. Si bien hay situaciones de salud que requieren que se eviten algunos alimentos, en general uno puede perder peso sin necesidad de prohibirse muchas cosas. Está bien moderar el consumo de algunos alimentos, pero si ya nos lo plantean como una prohibición es posible que no sea un proceso placentero ¿cierto?. Y no es sólo el hecho de "sufrir" por lo que no puedo comer, sino que el pasar con antojos o deseando comer algo puede generar estrés y ésto tampoco nos va a ayudar a perder peso (además de que la idea no es que perder peso se vuelva un martirio).

5. Si la dieta nos produce malestares como gastritis, colitis, estreñimiento u otros, definitivamente no es apropiada para nosotros. 

6. Si con la dieta se indica que no debemos hacer ejercicio, tampoco es recomendable. ¡El ejercicio es saludable! ¿Por qué lo prohíben? 

Está bien que busquemos obtener resultados, pero no basemos sólo en eso la decisión de un método o sistema de pérdida de peso. No pongamos en riesgo nuestro cuerpo ni hagamos cosas que lo perjudiquen.

Por qué consultar a un nutricionista


Cuando se quiere cambiar de hábitos, pero no se sabe cómo comenzar, puede ser de gran ayuda para ordenar los objetivos de alimentación y salud

Cuando se trata de salud, generalmente se distinguen 4 etapas en el proceso de cambio de comportamiento: la contemplación, la preparación, la acción y el mantenimiento.

En la etapa de contemplación el nutricionista puede contribuir explicando los beneficios que dichos cambios de hábitos implican para la salud. Puede anticipar los posibles obstáculos que se presentan en el camino y planificar las comidas para la etapa de preparación. Las etapas de acción y mantenimiento pueden abordarse con visitas cortas para mantener la motivación y continuar adelante.

Siempre es bueno informarse y quitarse las dudas con un profesional, ya que un nutricionista educado mantiene siempre actualizada la información basada en evidencia científica.

Hoy por hoy abundan las enfermedades asociadas a los malos hábitos alimenticios y de vida, como son la diabetes, la obesidad y la hipertensión arterial, para las cuales resulta fundamental tener un asesoramiento nutricional. Otro problema común son las alergias alimentarias, que pueden convertir la alimentación en algo monótono cuando no se cuenta con el consejo de un profesional.

Un informe publicado en setiembre del 2010 en la revista "Medicina Académica", señaló que "la educación nutricional en la carrera de medicina es a menudo insuficiente", por lo que, tal vez un médico de atención primaria puede no dar acertadamente los lineamientos nutricionales que el paciente necesita. Lo ideal es que el médico y el nutricionista trabajen conjuntamente, formando, junto con otros profesionales, un equipo multi e interdisciplinario.

Para visitar al nutricionista es bueno tener en cuenta ciertos aspectos:

1. Empezar una semana antes: con un registro de alimentos y cantidades que se comen y se beben durante el día. Esto permite al profesional tener una visión general de la calidad de la dieta habitual de su paciente. Si se padece diabetes o sobrepeso, el nutricionista será capaz de observar los efectos de los alimentos que se consumen. En el registro se puede además incluir otros tipos de datos como el nivel de hambre, de ansiedad, de humor, etc. Si se tienen alergias alimentarias también será útil incluir los síntomas, la hora que se padecen y el tiempo que duran.

2. Tampoco se debe olvidar de llevar:

· Cualquier medicamento que se esté tomando, vitaminas, probióticos, suplementos, etc.

· Un listado de preguntas que se tenga.

· Registro de glicemias en caso de ser diabético.

Excesos en comidas navideñas pueden restar eficacia a tratamientos médicos

Tomado de: www.nacion.com

Con la llegada de diciembre, vienen también las fiestas y las cenas en las que se combina la ingesta de licor y el consumo de algunas comidas muy pesadas. Si una persona está bajo algún tratamiento médico, tanto lo que bebe como lo que come puede tener efectos sobre el medicamento y podría alterar la forma en que el cuerpo lo tolera.

Por esta razón, el Colegio de Farmacéuticos y diversos especialistas hacen un llamado a que, si usted debe tomar algún tipo de fármaco, se informe de cómo podrían afectarlo las bebidas alcohólicas y las distintas comidas.

El llamado no solo es para quienes tienen enfermedades crónicas y toman medicamentos desde hace meses o años, sino también para todas las personas que hace poco tuvieron alguna infección o herida y están bajo tratamiento médico durante los días de fin de año.

No es solo un asunto de aumento de peso y de tener algunos kilos de más para comenzar el año. Es que esto puede hacer que el medicamento pierda eficacia", aseguró el farmacéutico Larry Ramirez.

"Por ejemplo, en una persona diabética, el peso es importante de mantener para que los medicamentos que toma puedan serle eficaces. Si este diabético, que se pone insulina todas las mañanas, tiene una dieta usual de 2.000 calorías, la dosis va según su peso y comida usual. Pero si en este fin de año hay días que come el doble, el medicamento no le será suficiente para esa dieta y se puede descompensar", añadió.

De acuerdo con el especialista, tampoco se vale decir: "si comí mucho, me tomo dos pastillas", pues esto incluso podría intoxicar al cuerpo.


Su colega Luis Carlos Monge señala también que las comidas de estas épocas tienden a ser más grasosas y que podrían retardar la acción de medicamentos: "o no se aborben o se absorben más lento", indicó.

Otra práctica peligrosa, a juicio de los especialistas, consiste en pasar muchas horas sin comer para "guardar calorías" que puedan consumirse en la noche. Esto afecta al cuerpo aún sin estar bajo tratamiento médico, pero cuando se está con un fármaco, esta costumbre es aún más riesgosa.

"Al tener mucho tiempo de ayuno, nuestro cuerpo comienza a interpretar que no hay comida disponible, y no sabe cuándo volverá a comer, por lo que comienza a almacenar más grasa. Estas grasas se pasan a azúcares para transformarse y dar energía. Pero también surgen otras sustancias que oxidan, y al combinarse con algunos medicamentos, pueden estresar al cuerpo aún más", explicó Monge.

Ramírez complementa: "No comer en todo el día para después comer un montón es todavía más peligroso cuando hay fármacos de por medio. Hay medicamentos que deben consumirse junto con alimentos, y esto puede complicar cuadros de gastritis y colitis y restarle eficacia al tratamiento".

¿Cómo tomar los medicamentos?

La forma de consumir los medicamentos también es vital, pues podría afectar su efecto en el organismo.

Los especialistas dan lo que califican como un consejo imprescindible: cualquier duda que tenga acerca de cómo consumir un fármaco (si usar comida o no, o qué tipo de alimento ingerir) debe evacuarse con el médico en el momento de la consulta o con el farmacéutico cuando retira o compra su medicamento.

De esta forma, se evitará al máximo que los alimentos tengan un mal efecto en el fármaco y que este no funcione, o que el medicamento afecte la forma en la que los nutrientes del alimento se procesen.


Por otra parte, hay dos aspectos clave: la hora de en la que se ingieren los medicamentos y hacerlo con al menos un vaso completo con agua.

"¿Por qué los medicamentos se toman a una hora específica? Pues porque se necesita mantener una cantidad mínima efectiva de medicamento en el organismo para que este funcione y la persona no se descompense o presente síntomas nuevamente. Por eso hay que respetar los horarios. Si se va a levantarse más tarde, adapte los horarios, pero no se vale saltarse dosis o tomarse dos a la vez", puntualizó Monge.

Tomar cada pastilla con un vaso con agua es necesario también para un procesamiento de los ingredientes activos de los fármacos, pues casi todos están diseñados para disolverse en este líquido y así llegar con sus propiedades al tracto digestivo.

"Si usted no utiliza agua para tomarse un medicamento no podemos saber si parte de esa pastilla se quedó en el esógafo y eso bajaría la eficacia. O también, podría ser que se le quede pegada y se asfixie", indicó Ramírez.

Ambos especialistas dicen que el agua es ideal para ingerir una pastilla, y piden evitar hacerlo con bebidas cítricas, café y gaseosas.

Otras recomendaciones de los farmacéuticos consultados incluyen el tomar el tratamiento hasta el final, no abandonarlo si se siente mejor. Además, si usted va a salir de vacaciones, lleve sus tratamientos y manténgalos a la temperatura y la humedad que el empaque sugiere.

Asimismo, si tiene alguna duda sobre cómo tomarlos o almacenarlos, revise bien el prospecto de cada fármaco, llame a su médico o acuda a una farmacia y pida hablar con el regente.


Combinar fármacos con licor es riesgoso

Otro invitado común en las fiestas navideñas son las bebidas alcohólicas. Si usted se encuentra bajo tratamiento médico, la recomendación de ambos especialistas es que se abstenga del todo del licor, pues algunos tipos muy específicos de fármacos no pueden combinarse con alcohol, y en otros casos, baja la acción de estos.

Además, la combinación podría aumentar los efectos de licor o el estar embriagado podría provocar el olvido de la siguiente dosis.

"La mayoría de los medicamentos y el licor tienen un metabolismo hepático, es decir, el hígado los metaboliza. Entonces, como los medicamentos utilizan la misma vía que el alcohol, puede que estos no se metabolicen bien porque entran a competir. Entonces esto puede causar más efectos secundarios, o que el medicamento no cumpla toda la función necesaria", aseveró Ramírez.

Monge añade: "En esta época, las comidas tienden a ser más grasosas y eso ejerce acción directa sobre el hígado; si le sumamos el licor y las medicinas, el metabolismo se complica".

De acuerdo con los especialistas, hay medicamentos en los que la combinación con licor es aún peor. Los antifúngicos (fármacos contra los hongos) son los de interacción más fuerte y no toleran su combinación en ninguna medida con ningún tipo de bebida alcohólica.

Otros fármacos, como los antibióticos o los medicamentos hormonales (por ejemplo, estrógenos u hormonas tiroideas) también generan una reacción que, aunque no tan fuerte, podría afectar.


"Un medicamento muy popular como la tafil, si usted la combina con alcohol le va a dar más sueño y podría provocar un accidente si decide manejar después de la fiesta y se queda dormido", apuntó Monge.

Ramírez es de la misma opinión: "Las pastillas para dormir son de mucho riesgo con licor, y también los relajantes musculares, que de por sí dan sueño".

Ambos especialistas son enfáticos en una cosa: si usted sufre cualquier tipo de infección, no espere para comenzar el tratamiento indicado, porque la acción de la bacteria podría progresar y hacerse peor.

"Si usted tiene una infección y el viernes en la mañana el doctor le receta un tratamiento y le dice 'comience ya', hágale caso, no sea de los que dicen, 'hoy en la noche tengo una fiesta y quiero tomar, y el sábado y domingo también, mejor lo comienzo lunes'. Hacer eso puede ocasionar que la infección empeore y usted vaya a necesitar un medicamento todavía más fuerte", subrayó Ramírez.

En términos generales, los especialistas piden no combinar ningún tipo de medicamento con ningún tipo de licor, pero, si quiere hacerlo, consulte antes con un médico o farmacéutico.

La obesidad aumenta el riesgo de padecer demencia

Tomado de: www.as.com

La obesidad se asocia o es causa directa de muchos otros trastornos y enfermedades como la hipertensión arterial, diabetes mellitus, dislipemia, síndrome de apneas-hipopneas del sueño, entre otros. Pero, además, desde hace unos años se ha relacionado esta enfermedad con el deterioro cognitivo, y es que “Los pacientes con obesidad en la etapa media de la vida (50 años) presentan un riesgo superior de padecer demencia comparados con sujetos con normopeso”, señala la doctora Irene Bretón, presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

La obesidad es una enfermedad crónica de tendencia epidémica en el mundo y se ha convertido en uno de los retos más difíciles en salud pública, no sólo en países desarrollados, sino en vías de desarrollo. Según la OMS, entre 1980 y 2014, la prevalencia mundial de obesidad casi se ha duplicado. En España, el 39,3% de la población tiene sobrepeso; y la obesidad alcanza al 21,6% (22,8% en hombres y 20,5% en mujeres), cifras que aumentan con la edad, señala la doctoraPurificación Martínez de Icaya, representante de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

Por otro lado, los expertos estiman que más del 6% de los españoles mayores de 60 años sufren algún grado de demencia. “Cada día la población está más envejecida y aunque se desconocen aún las causas por las que se producen el deterioro cognitivo y la demencia, los hábitos de vida saludable y la realización de ejercicio físico para evitar la obesidad pueden tener un efecto protector frente al riesgo de su desarrollo”, advierte la doctora Nuria Vilarrasa, coordinadora del área de Obesidad de la SEEN.

Ante esta situación y con el objetivo de mantener unos hábitos de vida saludables (una dieta apropiada y actividad física) para evitar el exceso de grasa corporal y ayudar a proteger contra el desarrollo de demencia, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) y la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) han desarrollado la campaña ‘Cuida tu peso, cuida tu memoria’.

Relación entre obesidad y deterioro cognitivo

“No sólo es importante la presencia de obesidad, sino también la distribución de la grasa corporal, ya que hay datos que sugieren que el predominio abdominal de esta podría ser un factor de riesgo de deterioro cognitivo y demencia”, señalan las doctoras Vilarrasa, y Martínez de Icaya. Según los especialistas, uno de los mecanismos que parece asociar ambas enfermedades es la presencia de resistencia a la insulina en los pacientes con obesidad, especialmente cuando se localiza en el abdomen. “Un estudio reciente mostró que una mayor resistencia a la insulina se asocia con niveles más altos de beta-amiloide, sustancia implicada directamente con el desarrollo de algunos tipos de demencia”, explica la doctora Bretón.

Además, otro de los factores que destacan desde las dos sociedades es que las personas con obesidad pueden presentar otras enfermedades cardiovasculares asociadas que son factores que influyen de manera negativa sobre el riego sanguíneo cerebral y por tanto contribuyen al deterioro cognitivo.

Por otro lado, “se ha observado una reducción del riesgo de demencia con la realización de ejercicio físico de manera regular. La actividad física además de tener efectos beneficiosos sobre los factores de riesgo cardiovascular, podría mejorar la síntesis neuronal”, asegura la Dra. Vilarrasa y añade que también es clave mantener un peso lo más saludable posible con el objetivo de disminuir las complicaciones asociadas a la obesidad y mejorar la calidad de vida.

1 de diciembre de 2017

¿Cómo puedo comer más sano en diciembre?

Por: Lic. Diana Mora Ramírez

Ya hemos hablado en otras publicaciones de la relación que hacemos automáticamente entre diciembre y engordar. De ahí que unas de las preguntas más frecuentes que me hacen son: ¿cómo hago para no subir de peso? ¿cómo se puede comer sano en ésta época? Por eso hoy les comparto algunos consejos clave:

1. Durante éste mes hagamos que los vegetales sean como nuestros amigos inseparables:

Incluyamos más vegetales en nuestras comidas diarias, ya que nos dan saciedad con menos calorías, lo que nos ayuda a comer un poco menos, y compensamos los excesos que pueden ocurrir en los días de actividades. 

En las fiestas o reuniones aprovechemos de incluirlos en el menú: ensaladas verdes (no nos llenemos de ensaladas de pasta u otras de tipo harinoso), vegetales al vapor o gratinados, sopas o cremas de vegetales, vegetales con algún dip para picar... Son muchas las opciones, y además de que podemos encontrar recetas deliciosas, podemos comer suficiente cantidad y no sentimos que estamos pasando hambre.

2. No comamos sólo por comer.

Es cierto que hay muchas preparaciones tradicionales en ésta época, y también muchas actividades sociales. Pero siempre que vayamos a comer algo pensemos: ¿realmente lo quiero? ¿realmente me gusta? Y si lo probamos y no es de nuestro total agrado, entonces no hace falta que lo terminemos (y mucho menos repetir sólo porque sí). 

3. Haga modificaciones los días normales (esos donde no hay actividades)

Por ejemplo si normalmente se da el gusto de comerse un chocolatito de vez en cuando, evítelo durante éste mes. Si toma bebidas azucaradas, cambie a tomar agua (o si toma poca agua tome más). Puede comer porciones un poco más pequeñas de lo usual. Puede también por ejemplo evitar usar ascensores u obligarse de alguna manera a caminar más o moverse más.

La idea es que todos esos pequeños cambios nos ayuden a compensar los excesos que pueden suceder en los días de fiestas.

4. Planifique las comidas

Si debemos preparar alguna comida, pensemos con antelación lo que vamos a preparar, y qué modificaciones podemos hacer. Recordemos que la idea en ésta época es disfrutar, y eso incluye disfrutar la comida. Entonces si hay alguna receta que nos gusta mucho, aunque tal vez no sea muy "dietética", podemos mantenerla tal cual, y modificar otros platillos. 

Por ejemplo digamos que queremos preparar alguna carne y nos gusta dejarla con algo de grasita. Entonces pensemos que el resto de preparaciones no sean muy grasosas y sean más livianas. Podemos preparar un ensalada verde en lugar de una ensalada de de pasta con mayonesa, podemos pensar en un postre basado en frutas, podemos preparar alguna guarnición de vegetales en lugar de un puré o arroz. Siempre hay formas de modificar las recetas, es cuestión de sentarse a decidir cuáles recetas mantener, cuáles modificar y cómo modificarlas.

Ahora bien, si no somos nosotros los que vamos a preparar la comida, podemos tratar de averiguar el menú, o ya al estar en la actividad y si es posible,  preguntar por la forma de preparación. Así podemos tener una idea de si debemos moderarnos con algunas cosas. Inclusive si es el caso podemos colaborar llevando alguna preparación saludable y así tenemos más opciones para elegir y que nos beneficien.

5. Mucho cuidado con los snacks o los productos para "picar"

Es típico que en las actividades haya hasta inclusive una mesa llena de snacks. El primer consejo es no quedarse a la par de la mesa, porque entre conversación y conversación ya perdimos la cuenta de lo que comimos.

Las semillas (maní, nueces, semillas de marañón, etc) o las aceitunas son opciones saludables, pero si comemos una gran cantidad igualmente pueden favorecer que ganemos peso. Eso sí, son mejores opciones que papas tostadas o productos similares. 

Debemos prestar atención también a las salsas o dips, ya que pueden incluir una buena cantidad de grasa y/o azúcar.

Lo mejor es en un platito pequeño tomar porciones pequeñas de lo que deseamos comer, y limitarnos a esa cantidad. Después de todo, esa no será toda la comida que habrá en la actividad, así que tampoco es necesario que nos llenemos.


Como vemos, sí hay cosas que podemos hacer para evitar terminar diciembre con unos kilos de más. Hoy que empieza el mes piense en las metas que ha venido trabajando y dígase: ¡yo puedo lograrlo!

¿Por qué engordamos cuando nos hacemos mayores (y no solo es culpa de nuestro metabolismo)?

Tomado de: www.bbc.com

La batalla contra la báscula es algo que atormenta a muchos pasados cierta edad... y ciertos kilos. El cuerpo de los 20 años que creías te acompañaría para siempre empieza a cambiar y los pantalones que tanto te favorecían ya no te pasan de las rodillas. La curva de la felicidad, las pistoleras y el flotador parecen haber llegado para quedarse.

Envejecer y engordar son dos cosas que acostumbran a ir de la mano, aunque algunos científicos aseguran que el aumento de peso en la mediana edad no es del todo inevitable. La solución, dicen, está en encontrar una actividad física que te haga consumir mucha energía.

Y es que engordar se asocia siempre al metabolismo: la forma en la que nuestro cuerpo consume energía. Un metabolismo lento es aquel que quema menos calorías en reposo de lo que se considera normal. Se le conoce también como metabolismo basal.

Cuando envejecemos, nuestro metabolismo se ralentiza por una cuestión de supervivencia. Las células queman los alimentos más lentamente y tienden a aferrarse a la grasa, preparadas para tener una reserva de la que echar mano si hace falta.

Pero hay otras causas más desconocidas que nos hacen ganar peso a medida que ganamos años.
Estas son para el servicio de salud público británico, el NHS, las principales razones que se esconden en la pérdida de peso que no tienen que ver con nuestro metabolismo.

1. Medicamentos

Con la edad llegan también los achaques y a veces aparecen enfermedades crónicas que nos encadenan a remedios de por vida. El aumento de peso es un efecto secundario común de muchos medicamentos.

Según el NHS, los medicamentos más comunes que pueden causar aumento de peso son los esteroides, los antipsicóticos y la insulina, entre otros.

Solución:
nunca te saltes las indicaciones de tu médico pero habla con él o ella para explorar otros fármacos.

2. Insomnio

Dormir poco no es bueno para nuestro cerebro pero tampoco para nuestro peso y nuestra salud en general. El doctor Neil Stanley, experto del sueño en el hospital universitario de Norfolk y Norwich (Inglaterra) asegura que "hay un vínculo muy fuerte entre la falta de sueño y la ganancia de peso".
 
A medida que envejecemos tendemos a dormir menos así que las probabilidades de engordar incrementan, advierten desde el servicio sanitario británico.
 
Solución: dormir más. El doctor Stanley del servicio público británico afirma que "dormir es vital para nuestra salud física y mental".
 
3. La televisión

Sea por placer o porque nuestra salud no nos permite tener una vida físicamente activa, ver mucha televisión contribuye a una vida sedentaria.
 
De acuerdo con estudios verificados por el NHS, cuando estamos frente a la pantalla muchas veces consumimos calorías que no necesitamos.
 
La nutricionista del servicio público Anna Suckling explica: "La gente a menudo descubre que, mientras está sentada frente al televisor, toma alimentos con muchas calorías como las patatas fritas y el chocolate".
 
4. Estrés
 
A medida que nos hacemos mayores las responsabilidades aumentan. Nos preocupamos más y sufrimos estrés. Una forma común de afrontar esta situación es comer más de lo que necesitamos y el azúcar es un alimento recurrente.
 
Tomar tentempiés azucarados sube los ánimos y es un aporte extra de energía pero hacerlo frecuentemente puede ser fatal para nuestra salud.
 
Solución: además de intentar eliminar lo que te estresa, prepara aperitivos saludables e intenta hacer algo de ejercicio, recomienda la especialista Suckling.
 
Otras causas ya más comunes y relacionadas con el metabolismo son la pérdida de músculo, la disfunción de las hormonas y el aumento de los niveles de azúcar en sangre.